Por Rosa Mª Laviña, patrona y secretaria Fundación Pedro Zerolo
Hoy, 31 de marzo, el mundo se tiñe de azul, rosa y blanco. Es el Día Internacional de la Visibilidad Trans. Pero en la Fundación Pedro Zerolo no queremos quedarnos solo en los colores de una bandera o en un post en redes. Se trata de justicia, de memoria democrática y de esa valentía inagotable que Pedro nos contagió para transformar la realidad.
Corría el año 2007. Pedro Zerolo, con esa sonrisa capaz de derribar cualquier muro, calificaba la Ley de Identidad de Género como «la más avanzada del mundo». No lo decía por orgullo vacío, lo decía porque sabía que nuestro país empezaba, por fin, a saldar una deuda histórica con las personas trans, a quienes él definía con firmeza como «el colectivo más discriminado de Europa».
Pedro no pedía permiso para defender la igualdad; él la exigía porque entendía que «en una democracia, no sobra nadie». Ese es el núcleo de su legado: entender que la visibilidad no es un «capricho» de unos pocos, sino la herramienta política más potente para que nadie en nuestra sociedad tenga que vivir en la sombra.
A veces todavía escuchamos que: «¿Para qué hace falta un día especial?» o «¿Por qué tanta insistencia con la realidad trans?». Desde el espíritu de Pedro, les respondemos con calma pero con una convicción absoluta:
- Identidad, no ideología: Ser trans es una realidad humana, no una elección. Pedro luchó para que la ley dejara de tratar a estas personas como «enfermas». Porque la diversidad no es algo que haya que curar, es una riqueza que hay que proteger.
- La igualdad siempre suma: Que las personas trans conquisten derechos no le resta nada a nadie. Al contrario: una sociedad que protege con uñas y dientes la dignidad de sus miembros más vulnerables es una sociedad mucho más segura y libre para todos.
- Juventud con memoria: A las nuevas generaciones les decimos: los derechos de los que hoy disfrutamos no cayeron del cielo. Se ganaron con activismo, con presencia en la calle y con mucha pedagogía en los despachos. Pedro fue ese puente necesario y hoy nos toca a nosotros cuidar que ese puente siga en pie.
No podemos celebrar la visibilidad mientras vemos cómo se intenta imponer la oscuridad desde las instituciones. Desde finales de 2023 en Madrid y en el 2025 en la Comunidad Valenciana, asistimos a una ofensiva coordinada del Partido Popular para desmantelar los derechos de las personas trans.
En Madrid, el hachazo a la autodeterminación de género y la vuelta a los exámenes médicos nos pretende devolver a un pasado patologizante que ya habíamos superado. Y ahora, en Valencia, el retroceso llega con la instauración de controles parentales que dejan a los menores trans en una situación de absoluta vulnerabilidad. Estas reformas autonómicas no son solo un ataque directo a las personas trans; son un desacato frontal a la Ley Estatal 4/2023 y una traición a la seguridad jurídica de nuestra democracia. Ambas leyes están recurridas antes el Tribunal Constitucional por el Defensor del Pueblo y el Gobierno.
Pedro Zerolo nos enseñó que los derechos se conquistan, pero, sobre todo, que se defienden con uñas y dientes. No vamos a mirar hacia otro lado mientras intentan trocear la igualdad según el código postal donde vivas. ¡Frente a sus recortes y su censura, nuestra resistencia!
Si hoy eres joven y te sientes libre de ser quién eres, recuerda con gratitud a quienes se partieron la cara para abrirte el camino. Si sientes miedo, recuerda que en esta Fundación tienes una familia que custodia el sueño de un hombre que nunca se rindió.
Y si eres de los que todavía ponen reparos, te invitamos a mirar de frente la realidad de las personas trans: descubrirás una resiliencia, una dignidad y una humanidad que nos hacen mejores a todos.