Por Rosa Mª Laviña, secretaria y patrona de la Fundación Pedro Zerolo
El Día Mundial de la Justicia Social no puede ser solo una fecha más en el calendario de Naciones Unidas, este año lo conmemora bajo el lema “Compromiso renovado con el desarrollo social y la justicia social”, pero seamos claros: las palabras bonitas no sirven de nada si no se traducen en hechos. Hay que pasar del compromiso político a la aplicación. Renovar el compromiso significa reforzar derechos, consolidar instituciones y garantizar que la igualdad sea real y efectiva.
Como bien señala la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en su informe “La situación de la justicia social 2025”, el mundo está cambiando a una velocidad de vértigo y pone de relieve que “La justicia social en un mundo cambiante exige aplicar, adaptar y ampliar las instituciones para gestionar con justicia los grandes cambios sociales (ambientales, digitales y demográficos) sin dejar a nadie atrás”.
En este camino, la Ley de Igualdad de Trato y no Discriminación (la Ley Zerolo), fue una apuesta personal y decidida de Pedro Zerolo que tenía muy claro que la dignidad de una persona no puede depender de que alguien decida ser «amable», sino que debe estar blindada por ley.
Esta norma marcó un antes y un después en la protección frente a la discriminación en nuestro país. La ley amplia los ámbitos discriminatorios y establece mecanismos de prevención, reparación y sanción para que ninguna forma de discriminación — por razón de nacimiento, origen racial o étnico, sexo, religión, convicción u opinión, edad, discapacidad, orientación o identidad sexual, expresión de género, enfermedad o condición de salud, estado serológico y/o predisposición genética a sufrir patologías y trastornos, lengua, situación socioeconómica, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social— quede impune.
Nuestra apuesta por esta ley es una apuesta por una democracia más sólida. Porque no hay desarrollo social posible si se tolera la exclusión. No hay justicia social si no existen garantías efectivas para quienes ven vulnerada su dignidad.
Por eso consideramos clave la puesta en marcha de la Autoridad Independiente para la Igualdad de Trato y la No Discriminación. Recientemente hemos mantenido un encuentro de trabajo con su responsable Teresa Verdugo y su equipo para fortalecer la colaboración. Las leyes necesitan instituciones fuertes, autónomas y con recursos suficientes para que los derechos no sean papel mojado.
Como recordaba Pedro Zerolo, “discriminar no puede salir gratis”. Esa convicción resume el espíritu de la ley y el sentido de nuestro trabajo: prevenir, proteger y, cuando sea necesario, sancionar.
Hoy reafirmamos que la igualdad no puede ser un privilegio de unos pocos, sino una garantía para todos. Porque si la exclusión se tolera, el progreso es mentira.
«La democracia se mide por su capacidad de proteger a quienes más lo necesitan. Sin pasos atrás y sin medias tintas.» Luisa Estévez, Presidenta de la Fundación Pedro Zerolo.