Por Rosa Mª Laviña Bellido, Secretaria y Patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Este 8 de marzo no es solo un día para conmemorar, es un día para exigir. Porque la igualdad no es un privilegio, es un derecho.
El 8M no es solo una fecha en el calendario, es la voz de generaciones de mujeres que se rebelaron contra la injusticia y abrieron camino hacia la igualdad. Es el legado de quienes lucharon por el derecho al voto, por condiciones laborales dignas, por la libertad de decidir sobre sus propios cuerpos y por una sociedad libre de violencia machista.
Cada avance ha sido fruto del esfuerzo y la resistencia de mujeres diversas que, a pesar de la discriminación y la represión, nunca dejaron de pelear por un futuro mejor. Pero aún queda mucho por hacer. La brecha salarial persiste: las mujeres siguen ganando un 8,7% menos que los hombres por cada hora trabajada. La violencia de género sigue cobrándose vidas: desde 2003, 1.296 mujeres han sido asesinadas en España por violencia machista. En el ámbito laboral, solo el 27% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. La desigualdad sigue siendo una realidad que no podemos ignorar.
Este año, Naciones Unidas nos lanza un mensaje claro con su lema: «Para las mujeres y niñas en TODA su diversidad: Derechos, igualdad y empoderamiento». Porque la lucha feminista no puede dejar a nadie atrás. No hay igualdad real si no es para todas: mujeres racializadas, migrantes, con discapacidad, LBTI+, trabajadoras precarizadas y tantas otras que enfrentan barreras invisibles pero muy reales. La interseccionalidad no es solo un concepto académico, es una urgencia. Solo si combatimos todas las desigualdades de manera conjunta podremos construir una sociedad donde los derechos sean realmente universales y el empoderamiento sea un hecho, no una aspiración.