Por Rosa Mª Laviña Bellido, secretaria y patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Hoy, 18 de diciembre, se conmemora el Día Internacional del Migrante. Para nosotros no es una fecha simbólica sin más. Es un día que interpela, que incomoda y que obliga a mirar de frente una realidad que muchas veces preferimos no ver.
Este año, el lema elegido por la ONU: “Mi gran historia: culturas y desarrollo”, nos impulsa a reconocer que la movilidad humana enriquece a nuestras sociedades, nutre nuestras comunidades y contribuye al desarrollo común.
Migrar no es una cifra ni un titular. Son personas. Personas con historias difíciles, con trayectorias rotas, con ganas de salir adelante. Personas que forman parte de nuestras ciudades y de nuestras comunidades, aunque a menudo se las empuje a vivir en los márgenes.
Estos días, en Badalona, hemos visto cómo el desalojo de espacios que servían de refugio a cientos de personas migrantes ha dejado a muchas de ellas sin techo y sin alternativa. Personas que ya vivían en una situación muy precaria hoy se enfrentan a algo tan básico como no saber dónde van a dormir. No es una exageración, es lo que está pasando.
Desalojar sin ofrecer una solución habitacional digna no es gestionar el espacio público. Es fallar desde lo institucional. Es retirar apoyos en lugar de reforzarlos. Y es, sobre todo, poner en cuestión la dignidad de quienes ya están en una situación de enorme vulnerabilidad.
Hoy es un día para la reivindicación. Para exigir una prestación de los servicios públicos que esté a la altura de las necesidades de la ciudadanía. Porque los problemas de integración no surgen cuando lo público funciona, surgen en las salas de espera de los hospitales masificados, en los patios de los colegios que no cuentan con medios suficientes y adecuados.
Nuestro país ha sido un país de emigrantes, que no debemos olvidar nunca. Porque el esfuerzo, la generosidad, la contribución al progreso de todas estas personas es comparable a la de los ciudadanos españoles que se tuvieron que marchar de nuestro país.
Desde la Fundación Pedro Zerolo defendemos una política migratoria que ponga a las personas en el centro. No hablamos de números, hablamos de derechos. La migración no es una amenaza ni un problema que haya que contener, sino una realidad humana que exige respuestas responsables, valientes y justas.
Pedro Zerolo lo decía con claridad: “Los derechos no se mendigan, se conquistan”. Esa idea sigue siendo profundamente vigente. Los derechos de las personas migrantes no son concesiones ni favores. Son derechos humanos: a la vivienda, a la salud, al trabajo, a formar parte de la comunidad.
Este Día Internacional del Migrante debería servirnos para algo más que para repetir discursos. Debería impulsarnos a actuar, a revisar decisiones, a exigir políticas públicas que no dejen a nadie atrás. Porque cada historia migrante también forma parte de nuestra historia colectiva.
Hay alternativas. Hay caminos posibles: acceso real a la vivienda, acompañamiento social, procesos de regularización justos, servicios públicos que protejan en lugar de excluir. Frente a los desalojos que dejan a personas en la calle, debemos responder con más derechos, más solidaridad y más humanidad.
No hay desarrollo sin justicia, ni sociedad fuerte si se construye dejando fuera a parte de ella. Alzar la voz por quienes han sido excluidos no es una opción, es una responsabilidad. Porque la igualdad, como nos enseñó Pedro Zerolo, se defiende ejerciéndola.