Por Toni Poveda, Vicepresidente de la Fundación Pedro Zerolo
Los derechos humanos son el pilar fundamental sobre el que se construyen las sociedades democráticas. Como bien decía Pedro Zerolo, “los derechos se conquistan, se disfrutan y se defienden”. Sin embargo, hoy nos encontramos ante un panorama inquietante, donde los derechos de los más vulnerables están bajo constante asedio. La historia nos recuerda que «el pueblo que olvida su pasado está condenado a repetirlo», una lección que parece desvanecerse en medio del olvido y la indiferencia de parte de la comunidad internacional.
El 1 de marzo, Día de la Cero Discriminación de ONUSIDA, nos brinda una oportunidad vital para reflexionar sobre la importancia de combatir la discriminación en todas sus formas, especialmente en el contexto de la salud y los derechos humanos. Esta conmemoración nos recuerda que cada individuo merece ser tratado con dignidad y respeto, independientemente de su origen, identidad o situación, una idea que se encuentra en el corazón de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en 1948. Este documento fundamental proclama que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos», estableciendo un estándar que aún debemos alcanzar.
La situación de los migrantes es un reflejo claro de la crisis de derechos que enfrentamos. La victoria de Trump marcó el inicio de deportaciones masivas, ignorando que muchos de estos individuos son víctimas de la persecución y la pobreza en sus países de origen. Esta deshumanización no solo es un ataque a la dignidad de las personas, sino que también revela un clima de odio y miedo que amenaza con socavar los valores fundamentales de la humanidad.
Del mismo modo, los ataques a los derechos de la comunidad LGTBIQ+ son síntomas de una sociedad que, lejos de avanzar, retrocede. Es alarmante que, en nuestro país, parte del feminismo celebre medidas que discriminan a la población trans, mientras que las mujeres en Estados Unidos ven cómo se les restringen sus derechos más básicos. La lucha por la igualdad de género no puede ser selectiva; la opresión de cualquier grupo es un ataque a todas las personas y contradice los principios de igualdad que la Declaración Universal defiende.
El Día de la Cero Discriminación de ONUSIDA nos recuerda que el silencio cómplice ante la discriminación es inaceptable. La reciente decisión de la administración Trump de cortar la financiación a ONUSIDA es un golpe devastador para la respuesta al VIH y el sida y un claro ejemplo de cómo la falta de acción puede repercutir en los derechos de los más vulnerables. Esta medida socava programas vitales de salud que salvan vidas, afectando a comunidades ya marginadas. La congelación de fondos ha llevado al colapso de servicios en países como Costa de Marfil, donde el 85% de las personas con VIH dependen de la ayuda estadounidense. Los recortes pueden resultar en la muerte de cientos de miles de personas en la próxima década, resaltando la conexión directa entre la política exterior y los derechos humanos.
Hoy más que nunca, es crucial unirnos en la defensa de los principios democráticos y los derechos fundamentales, especialmente en el Día de la Cero Discriminación y en el contexto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No podemos permitir que el miedo, la ignorancia y la complacencia nos dividan. La lucha por los derechos humanos es una tarea colectiva, y cada acción cuenta. Recordemos que los derechos no son un regalo, sino una conquista que requiere nuestra constante defensa.
No podemos permitir que el miedo, la ignorancia y la complacencia sigan dictando el rumbo de la humanidad. La lucha por los derechos humanos no es una opción, es una obligación. En el Día de la Cero Discriminación de ONUSIDA, más que discursos vacíos, necesitamos compromiso, acción y valentía. La pasividad es complicidad. Es momento de alzar la voz, exigir responsabilidad y trabajar para que la igualdad deje de ser un ideal inalcanzable y se convierta en una realidad para todos y todas y solo podremos conseguirlo si “Permanecemos unidos y unidas”.