Por Desirée Chacón Ríos, Patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Conmemoramos el 17 de mayo Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, una fecha global que desde su creación fomenta la acción colectiva, la concienciación, la solidaridad y la visibilidad de la comunidad LGTBIQ+ en todo el mundo. Un día impulsado desde el activismo LGTBQ+ por sus fundadores (IDAHOBIT) en 2004, como estrategia y acción comunitaria global de transformación, colocando en la agenda política, social y mediática los problemas que enfrentamos, para compartir información sobre la discriminación, la violencia y la exclusión que sufrimos, para remover conciencias. Lo que no hemos dejado de hacer desde entonces.
Pertenezco a una generación de activistas LGTBIQ+ que contribuimos a su impulso en España, convencidas de su necesidad e importancia. Por eso, hoy 17 de mayo de 2025, dos décadas después me gustaría resaltar que aquella necesidad de entonces, vuelve a cobrar nuevamente especial importancia, porque vivimos un momento en el que el riesgo de involución es ya demasiado evidente.
Asistimos, cogiéndonos me temo con el pie cambiado, a un incremento y auge de narrativas y discursos reaccionarios anti-WOKE y TERFs que presumen sin pudor de ser contrarios a los derechos que tanto nos ha costado conseguir. Como alerta IDAHOBIT este año en su informe, los últimos años y meses han estado plagados de evidencias de amenazas alarmantes y crecientes contra la vida y la dignidad de las personas LGTBIQ+ por todo el mundo: en Mali se aprueba un nuevo código penal que criminaliza la homosexualidad y prohíbe su promoción o defensa, justificando esta medida como una protección de los valores tradicionales y morales, con penas de hasta 7 años de prisión (octubre de 2024); en Trinidad y Tobago se ha revocado una sentencia que lo había declarado inconstitucional, reestableciendo la ilegalidad y penalización de la sodomía y la “indecencia grave”, con penas de hasta 5 años de prisión (marzo de 2025); el Tribunal Supremo del Reino Unido emite una sentencia estableciendo que los términos “mujer”, “hombre” y “sexo” en la Ley de Igualdad de 2010 se refieren exclusivamente al sexo biológico asignado al nacer (abril de 2025); Hungría, prohíbe las marchas del Orgullo y restringe las reuniones LGTBIQ+, establece que solo existen dos géneros, masculino y femenino y, prohíbe legalmente cualquier expresión pública relacionada con la diversidad sexual, justificándose esta reforma bajo la premisa de “proteger el desarrollo infantil”; en Estados Unidos, durante la presidencia de Donald Trump, se han registrado múltiples casos de transfobia y LGTBIfobia tanto en políticas públicas como en discursos y acciones sociales, como la prohibición de personas Trans en el ejército, la eliminación de protecciones para personas Trans en educación y restricciones a su atención sanitaria, apoyo a grupos religiosos anti-LGTBIQ+, nombramientos judiciales conservadores que han fallado en contra de derechos LGTBIQ+ en diferentes niveles judiciales, incluyendo a la Corte Suprema y, un largo etcétera; desde que Javier Milei asumió la presidencia de Argentina, se ha recortado la financiación de las políticas públicas orientadas a la diversidad y se ha modificado la Ley Nacional de Identidad de Género mediante una orden ejecutiva, prohibiendo el acceso a la atención de afirmación de género para las personas menores de 18 años; la situación de las personas LGTBIQ+ en Rusia bajo el gobierno de Vladímir Putin ha empeorado, alcanzando niveles alarmantes de represión y criminalización del movimiento LGTBIQ+, declaradas las asociaciones como organizaciones extremistas y prohibiendo todas sus actividades, con penas de prisión de hasta 12 años.
Todos ellos no son más que algunos ejemplos de la utilización de leyes y políticas represivas que violan los derechos humanos y fomentan un ambiente de discriminación y miedo, generándose ante nuestros ojos, un notable retroceso en la protección de los derechos de las personas LGBTQ+ en todo el mundo y, lo que debe ser nuestro mayor motivo de preocupación como defensores de los derechos humanos, violándose con total impunidad tratados internacionales de derechos humanos suscritos por esos países. Acciones que además están generando un clima de miedo y persecución entre la comunidad LGTBIQ+ en todo el mundo, llevando la represión a la autocensura y al cierre de espacios seguros para la comunidad, suponiendo todas estas medidas una violación flagrante de los derechos fundamentales.
Pero esto no solo ocurre más allá de nuestras fronteras, esta tendencia global también empieza a afectarnos de forma preocupante en España, donde no somos ajenas a los retrocesos que se producen en la esfera internacional y también dentro de la Unión Europea, siendo cada vez mayor el número de actores y líderes políticos de VOX y también del PP, como hemos visto esto días en la Comunidad Valenciana, cómplices de discursos que despojan y privan a las personas Trans* de su capacidad de decisión sobre sus cuerpos e intentan legislar para sacarlas de la vida pública, de la atención médica, porque si bien es verdad que de forma sutil en todo el mundo las comunidades LGTBIQ+ están viéndose amenazadas, son especialmente las mujeres y personas Trans* e intersexuales, las que se están enfrentando a una ola de ataques de odio sin precedentes por parte de movimientos reaccionarios, antigénero y antiderechos.
La causa de todo ello, no albergo duda, es la consecuencia de la construcción de un nuevo relato en el que se produce la convergencia entre el movimiento anti-WOKE internacional (representado por diferentes caras y siglas de partidos en los diferentes países del mundo) y las TERFs (Feministas Radicales Trans-Excluyentes), en una alianza que aunque parezca paradójica e ideológicamente contradictoria, ambas ideologías han encontrado un deleznable espacio común en su oposición a las demandas del activismo Trans* y, en general, a los postulados del pensamiento LGTBIQ+ contemporáneo, cuestionando ambos y compartiendo una resistencia al lenguaje inclusivo, a la reforma de políticas institucionales con enfoque trans-inclusivo y a las transformaciones en educación, medicina o leyes que consideran reflejo de una “agenda WOKE”.
Lamentable alianza la de las TERFs, muchas de ellas antiguas compañeras y amigas a quienes hoy no reconozco, que provienen del feminismo y que históricamente han sido anticapitalistas, antirracistas y críticas del patriarcado, a las que contemplo asombrada sumando su esfuerzo político y colectivo, al del movimiento fascista y reaccionario anti-WOKE ligado a posturas conservadoras, liberales en lo económico y, en muchos casos, patriarcales. ¿Pero dónde radica entonces esa alianza que es obvio que no se construye sobre objetivos comunes? Para mi está claro, se sustenta en un odio irracional compartido hacia las personas y el discurso Trans*, al que están contribuyendo medios conservadores que en todo el mundo amplifican las voces TERFs como forma de legitimar su propia agenda anti-WOKE, con el único objetivo de generar una falsa percepción de consenso que no existe en términos estructurales. Sin duda la existencia de esta abominable alianza está contribuyendo a polarizar los debates en torno a derechos LGTBIQ+, pero sobre todo generando un clima de hostilidad y sospecha hacia las personas Trans*, debilitando alianzas históricas y distrayendo del foco en luchas comunes, coincidiendo en una oposición que a menudo se manifiesta en términos violentos o deshumanizantes y, que sin duda están contribuyendo a legitimar discursos que fomentan la transfobia o lo que es lo mismo, el retroceso en derechos humanos.
Esto nos permite profundizar en cómo las ideologías reaccionarias (a veces incluso dentro de sectores del feminismo) reproducen sistemas de exclusión que hoy afectan directamente a las personas Trans* y, aviso de navegantes, no tengo duda acabará afectándonos a todas. En ese marco, la existencia misma de las personas Trans* y más aún su reconocimiento legal, sanitario, educativo o mediático, representa para estos movimientos una amenaza simbólica al binarismo sexual tradicional y al modelo heterosexual reproductivo como norma, por eso su discurso niega la legitimidad de sus identidades: “los hombres no pueden ser mujeres”, “las mujeres Trans no son mujeres”, se acusa a los movimientos Trans* de “imponer ideología de género”, se vincula la visibilidad Trans con el “adoctrinamiento infantil” o el “abuso médico” especialmente en relación a infancias Trans* y se presentan sus demandas como excesos de la “cultura WOKE”.
De manual. Un discurso reaccionario y LGTBIQ+fóbico que busca conservar un orden binario esencialista de los cuerpos y los roles de género y lo disfraza de “sentido común”, “defensa de la ciencia” o “protección de las mujeres y los niños”. En el caso del movimiento TERF representa una forma particular de transfobia que proviene de sectores del feminismo radical (principalmente blanco y anglosajón) que considera que el género es una construcción patriarcal que oprime a las mujeres, que las mujeres Trans, al haber sido socializadas como varones (según ellas), no pueden ser consideradas mujeres “reales”, que el reconocimiento de las mujeres Trans pone en peligro los espacios seguros de mujeres cis (refugios, baños, cárceles, becas, etc.) y, quizás lo más hiriente, que el activismo Trans* amenaza con borrar a las mujeres como categoría política, para terminar reproduciendo una forma de esencialismo biológico y exclusión que niega la autodeterminación de género y perpetúa una jerarquía dentro del mismo feminismo.
Al final todo se reduce, nada nuevo bajo el sol, a las máximas de la lacra del fascismo, que ha conseguido generar un nuevo relato de la discriminación basada en la hegemonía de las castas entendida en un sentido amplio, que se refiere a una estructura social jerárquica profundamente arraigada, en la que ciertos grupos sociales ocupan posiciones dominantes y otros son sistemáticamente relegados ya sea por razón de clase, raza, género, origen étnico, orientación y/o identidad de género o cualquier otra categoría social. Cuando vinculamos esta forma de discriminación a los movimientos reaccionarios anti-WOKE o TERF, vemos como lo que ocurre es que una vez más, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia, ciertos sectores sociales se sienten amenazados cuando las estructuras de poder que históricamente los han privilegiado son cuestionadas. Así en muchas sociedades, estas narrativas sostienen una dominación simbólica, social y material de ciertos grupos sobre otros. Estas estructuras no solo determinan acceso a recursos y poder, sino también el valor simbólico de las personas en el imaginario colectivo.
Los movimientos históricamente conocidos como reaccionarios o fascistas y hoy como “anti-WOKE”, han renovado su relato y re-suenan hoy en los móviles de millones de jóvenes en todo el mundo que lo reciben como un discurso moderno y atractivo. Y surgen del mismo lugar que han surgido siempre, como respuesta a las luchas por la justicia social, la igualdad y el reconocimiento de derechos históricamente negados, debiendo recordar que el término “WOKE”, en su origen, hacía referencia a estar “despierto” o consciente de las injusticias sociales”. Sin embargo y malintencionadamente, el término ha sido desvirtuado por sectores conservadores y reaccionarios, que lo usan peyorativamente para criticar el feminismo, el antirracismo, la decolonialidad, los derechos LGBTIQ+ y otras agendas de justicia social.
Lo que molesta al discurso anti-WOKE y TERF, no es tanto una ideología particular, sino la amenaza a un orden jerárquico que perciben como natural o legítimo. En el discurso anti-WOKE y TERF, hay una victimización del grupo dominante: se dice que las “verdaderas mujeres”, los “blancos”, los “hombres”, los “occidentales”, los “normales”, están siendo atacados por las políticas identitarias. Este discurso invierte la realidad de la discriminación estructural, y convierte al privilegio en una identidad política que merece ser protegida. Y es justo ahí donde la lógica usada por el fascismo desde el principio de los tiempos, encaja perfectamente. Por eso todas las personas LGTBQI+ y aliadas debemos entender que estamos ante un problema que afecta no sólo a las personas Trans*. La discriminación que esta emergiendo, comienza a traducirse en políticas regresivas, discursos de odio y una nostalgia por un orden jerárquico que garantizaba a ciertos grupos su superioridad, por eso tengo muy claro que ninguna persona LGTBIQ+ puede sentirse ajena a esta injusticia estructural que comienza poco a poco a extenderse.
Por ello animo a todas hoy 17 de mayo, seas LGTBQI+ o no, a decir alto, claro y con orgullo, I´M WOKE o lo que es lo mismo, “estaré alerta y combativa ante las injusticias sociales”. Es el momento de volver a recuperar las alianzas con todos los sectores políticos y sociales, pero sobre todo de recuperar el poder de una comunidad LGTBIQ+ y Trans unida y organizada para resistir, apoyándonos mutuamente a través de todas las dificultades y la brutal represión de la que han comenzado a ser objeto particularmente las personas Trans*, pero que terminará afectándonos a todas, todos y todes, poniendo el acento como recomienda ILGA este año, en el papel vital que desempeña la conexión, la solidaridad y el propósito compartido de la comunidad LGTBIQ+ en todo el mundo para seguir impulsando el cambio, en la construcción de un mundo más igualitario y justo para todas, todos y todes.
Por eso hoy, recordando a Pedro Zerolo y como patrona de la Fundación Pedro Zerolo que preserva su legado, te invito como hubiera hecho él, a actuar ya, a participar activamente ya, a sumar tu esfuerzo ya a cualquier asociación LGTBIQ+ de tu entorno, porque la simple visibilidad hoy ya no es suficiente. Se están restando derechos a nuestras hermanas Trans* y LGTBIQ+ en muchos lugares de España y del mundo y ante ello, el silencio o no hacer nada, es complicidad. Frente al fascismo y su odio que nunca descansa, unidad, estrategia, coordinación y sororidad. Menos teóricas del activismo, menos activistas de boquilla y foto, más unión, más estrategia, más acción bien planificada. Alcemos hoy 17 de mayo Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia, nuestra voz con Orgullo frente a tanto odio, I´M WOKE.