Por Rosa Mª Laviña Bellido, secretaria y patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Madrid, 30 de Julio de 2025.- El hambre no se debe solo a la guerra, sino que se está utilizando como un arma. Busca debilitar a la población, degradar su dignidad y romper la sociedad, no dejándoles sobrevivir.
En la Fundación Pedro Zerolo, defendemos los derechos humanos y la justicia social, así que no podemos quedarnos callados ante el uso del hambre como arma de guerra. Es una violencia silenciosa, pero mortal. No se trata de una crisis humanitaria; es una estrategia política de deshumanización acompañada por una violencia sistemática extrema y desplazamientos forzados. Esta situación busca el exterminio del pueblo palestino, lo que constituye un claro crimen de guerra.
Tras siete décadas de ocupación, bloqueo y violencia, Gaza se ha convertido en un enclave de gran sufrimiento humano. Las restricciones al comercio, el acceso al agua y a los alimentos, la electricidad, a la salud básica y el movimiento de la población, han hecho que la vida diaria en Gaza sea insostenible y se llene de horror e incertidumbre para toda la población.
Más del 80% de la población depende de la solidaridad humanitaria. Según la ONU, el bloqueo de la comida está provocando una desnutrición infantil sin precedentes. Y, como siempre, las mujeres, los ancianos y los niños y niñas, son los más están sufriendo este bloqueo.
El Gobierno de España ha expresado con contundencia que detener la hambruna en Gaza es un imperativo moral, político y humanitario. Y ha anunciado un próximo envío de alimentos a la Franja, un gesto necesario, solidario y urgente.
Estas palabras no deben quedarse en el aire. Son una declaración política clara que debe convertirse en presión internacional efectiva, empezando por la Unión Europea. Porque sin el alto el fuego, sin acceso humanitario garantizado, los envíos puntuales serán solo aspirinas para una hemorragia.
Aunque Israel ha vuelto a permitir la entrega de ayuda humanitaria por aire y por tierra, tras la presión internacional provocada por las imágenes estremecedoras de la hambruna en la Franja, este gesto no puede ser puntual ni condicionado. La presidenta de la Fundación Pedro Zerolo, Luisa Estévez exige que “el acceso humanitario se garantice de forma permanente, segura y sin restricciones. La vida de miles de personas, especialmente niños y niñas, no puede depender del vaivén político ni de concesiones momentáneas. La ayuda no es un favor: es un derecho”.
Los testimonios que llegan desde Gaza nos estremecen a todos: «Estamos siempre cansados y desmayados, solo nos queda esperar a morir de hambre. Podemos intentar sobrevivir con agua y sal, pero vamos a morir» (Mahmud Jabar Brahim); “Muchos jóvenes que han ido a buscar ayuda para su familia han sido asesinados por los francotiradores israelíes. En vez de darles alimentos, les matan» (Lina Abu Akmeil). Es urgente escuchar estas voces, no solo desde la compasión, sino desde la acción.
Sin justicia no habrá paz posible. Y no hay justicia mientras se use el hambre como herramienta de castigo colectivo. La Fundación Pedro Zerolo hace un llamamiento a la comunidad internacional, a los gobiernos y a la sociedad civil: no podemos mirar hacia otro lado.
Construir un futuro sostenible para Gaza y para toda la región pasa por garantizar lo más básico: el derecho a vivir con dignidad. A comer. A cuidar de la infancia. A crecer en libertad y al reconocimiento del Estado Palestino.
Nuestro Vicepresidente, Toni Poveda exige “el fin inmediato del genocidio en Gaza. No se puede seguir normalizando la masacre de una población atrapada, hambrienta y asediada. Cada día sin alto el fuego, cada obstáculo a la ayuda humanitaria, cada vida segada por las bombas o por la inanición, es una herida abierta en la conciencia global y una llamada a la comunidad internacional que no puede seguir mirando hacia otro lado. La dignidad, los derechos humanos y la vida del pueblo palestino no son negociables”.