Por Rosa Mª Laviña Bellido, secretaria y patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Ayer nos levantamos con una magnífica noticia que nos llena de orgullo: España vuelve a ser el faro de Europa en derechos humanos. Según el reciente Rainbow Map 2026 de ILGA-Europe, ¡somos el mejor país para las personas LGTBIQ+, superando incluso a Malta tras diez años de liderazgo!.
Este no es solo un número en un ranking; es el resultado de décadas de lucha, de activismo incansable y de no bajar los brazos frente a la invisibilidad. Es una victoria compartida por todas esas personas que creyeron que un país mejor era posible.
Porque, seamos claros: este éxito no es solo un «Orgullo LGTBIQ+», es un Orgullo Ciudadano en mayúsculas. Cuando España avanza en derechos, avanzamos todos como sociedad. Ser referentes en Europa significa que vivimos en un país que elige la empatía sobre el odio y la convivencia sobre el miedo. Es un triunfo de la democracia que debe hacernos sentir orgullosos a todos los ciudadanos y ciudadanas, sin importar nuestra orientación, porque una sociedad que cuida a sus minorías es, sin duda, una sociedad mucho más sana, libre y justa para todo el mundo, tal y como decía Pedro Zerolo.
¿Por qué estamos en el número 1? No es casualidad. Estamos aquí gracias a leyes que cuidan, políticas reales que funcionan y protegen y resistencia de instituciones, asociaciones y activistas que, durante décadas, han plantado cara a quienes quieren dar pasos atrás.
Pero ojo… los derechos no son «para siempre», como siempre nos recordaba nuestro querido Pedro Zerolo, los derechos conquistados no son irreversibles, hay que defenderlos día a día. Mientras en lugares como Hungría, Italia o Reino Unido vemos retrocesos que asustan, España lanza un mensaje de esperanza al mundo: la diversidad no resta, ¡la igualdad nos hace más grandes a todos!.
Mantengamos los pies en la tierra. Un ranking no puede borrar el miedo de un joven en el instituto, el acoso laboral o las agresiones que todavía ocurren en nuestras calles. Necesitamos que la igualdad legal se convierta en igualdad real y urge un Pacto de Estado contra los discursos de odio.
Hoy somos líderes en el papel, pero el verdadero reto es que esa libertad se sienta en cada barrio, en cada aula y en cada puesto de trabajo.
Por todo esto, todas y todos, debemos defender lo conseguido, porque no basta con ser los mejores de Europa… ¡queremos ser el mejor lugar para ser uno mismo, sin miedo!.