Por Pilar de Yzaguirre, feminista histórica que inició su lucha por la igualdad en 1974 al fundar la Asociación para la Promoción y Evolución Cultural, fue la primera Subdirectora General de la Condición Femenina en 1977 y hoy sigue impulsando la cultura en la danza, la música y el teatro.
No he comentado nada por escrito sobre el nombramiento que me hizo el Consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, hace más de un año, como directora del Festival de Otoño número 42 y, además, poniendo mi nombre a ese Festival.
Fue un Murciano llamado Mariano de Paco quien hizo que me quedara medio muerta al reflexionar sobre la edad que iba a cumplir ese año: nada más y nada menos que 90 años. Era inconcebible que, siendo mujer, un varón, pensara en mí para encargarme esa ardua tarea, al ser mujer y nonagenaria. Ya pasó un año y medio desde ese día, y hoy me honra la extraordinaria Luisa Estévez, para pedirme un pequeño texto para celebrar el día internacional de la mujer.
Y aquí estoy, retirada de cualquier cargo representativo, pensando que ya nadie será capaz de atreverse de nuevo a pensar que pueda realizar una tarea sobre la Cultura y las Artes escénicas. Aquello fue un sueño hecho realidad, imposible de que pueda volver a suceder.
Deseo agradecer a Mariano su fe y valentía suficientes para correr ese riesgo y parece que, además, salió bien. Gracias a Luisa y a Mariano, por ponerme en ese brete, uno por arriesgarse y la otra por querer dar publicidad a un hecho tan poco común, que ennoblecen al hombre que lo hizo y a la mujer que lo difunde.
Llevamos unos meses desde que los políticos quieren cambiar el mundo, en que van desapareciendo las mujeres, las niñas. Hay una sensación de que los varones han vuelto a invadir el mundo, y el día internacional de la mujer no tiene en la prensa la relevancia que desde hace años tenía y, poco a poco, baja su popularidad. Parece que las abundantes lluvias arrastran su tan bella imagen y el lodo las tapa y arrastra hacia el silencio.
Siento que han aumentado los abusos hacia ellas, como si se intentara que desapareciéramos, pues suena el olvido, más que sus bellas voces, que en los coros suenan a músicas celestiales.
Las mujeres buscan el espacio que poco a poco habían conseguido, y que ahora parece esfumarse e ignorarse, como si huyeran de seguir abriendo sus caminos, y luchar para ampliarlos. No podemos resignarnos, la lucha debe seguir y las mujeres salir de sus escondrijos pacifistas y seguir buscando nuevos horizontes.
La sociedad en que vivimos no está realizada ni pensada por la mujer, es un producto masculino, en el que se le permite que comparta su vida con lo establecido por el varón y es este el que establece su lugar en la sociedad.
Cuando comienza las andanzas de su vida, el lugar que se le busca es siempre para ser la pareja, y además su complemento, que pueda cubrir todas las necesidades con las que el varón complete sus objetivos. No piensa en la mujer, ni lo que necesita ella, solo le interesa el provecho que de ella consigue.
Entonces, la mujer no encaja bien en esa estructura y toda su vida está luchando por conseguir que se la considere con los mismos derechos que el varón, con la misma libertad y respeto.
En mi caso, lo pasé mal, pues yo tenía tres hermanos, y no podía compartir con ellos mis deseos, tenía que pasar por admitir las costumbres ya establecidas y con muchos problemas.
En las reuniones, laborales el que suele hablar es el hombre y ella debe, en general, estar callada.
Ser mujer es perder todo derecho y espontaneidad, que no esté bien vista por los varones. En fin, tener constantemente que luchar para que se la respete e intentar llegar a ser respetada; parece mentira, pero es la realidad. Poco a poco hemos conseguido llegar a relevantes puestos en esta sociedad, pero no ha sido fácil ni cómodo.
Cuando yo tomé conciencia, las feministas llevaban una fama de feas, vestidas raras, gritonas, que vestían extravagantes, alejadas de la belleza, viriles, imaginaos feas y viriles…
Todo eso ha cambiado y son cada vez más consideradas, visten con ropa favorecedora y cada vez más simpáticas e integradas entre las chicas modernas y hasta estilosas. Inteligentes, y seductoras y cada vez más activistas, que crearon grupo, que daban un estilo de vida más educada, y que ya salían en la prensa, pues ya proponían nuevas formas de vestir, etc. Y grandes intelectuales.
Ser feminista, suponía, algo interesante…, y seductor.
Estamos viviendo épocas más rancias, los hombres estaban hartos de su autonomía, y empezaron a hablar de ellas muy despreciativamente. Tuvieron muy mala fama.
Echando la vista atrás sobre la lucha feminista, he visto todo lo que crecí, orgullosísima de haber entendido el gran beneficio para la mujer, para todos, en esta revolución contracultural y transversal. Y ahora solo siento agradecimiento hacia Simone de Beauvoir, mi casi segunda madre.
Estas palabras son para Simone y para el resto de mujeres que he admirado, intentando comportarme como ellas. Sin el feminismo no hubiera llegado nunca a tener seguridad en mí misma.
Creo poder confirmar la gran aportación hasta este momento que hemos conseguido las mujeres para nuestra sociedad, pero ha sido muy doloroso y, a veces, muy humillante.
Todavía tendremos que ir buscando el camino que nos lleve a la igualdad.