Por Rosa Mª Laviña, secretaria y patrona de la Fundación Pedro Zerolo
Si naciste después de 1981, probablemente el 23F te suene a documental en blanco y negro o a una pregunta de examen. Pero la realidad es mucho más cruda: ese día, el futuro en el que hoy vives estuvo a punto de borrarse.
Para nuestros padres y abuelos, ese día el tiempo se detuvo. No fue solo un evento político; fue el miedo real a perderlo todo: la música que escuchaban, los libros que empezaban a leer en libertad, la posibilidad de votar o, simplemente, de vivir sin miedo a quién te vigilaba.
Si has nacido en democracia, es fácil dar por sentadas las libertades que hoy en día disfrutamos: decir lo que pensamos, votar, amar a quien queramos o manifestarnos. Pero la historia nos dice que la democracia no es un regalo, es una suscripción que hay que renovar cada día.
El 23F fracasó porque la gente, de forma serena pero firme, decidió que no daría ni un paso atrás. Las manifestaciones del 27 de febrero, que hoy son Lugar de Memoria Democrática, bajo el lema «Por la libertad, la democracia y la Constitución», marcaron el camino, fueron el grito de una sociedad que dijo: «Queremos ser dueños de nuestra vida», fueron el ejemplo de que, cuando la gente joven y adulta se une por la libertad, el miedo pierde.
Hoy vuelven los ruidos que quieren recortar libertades y señalar al diferente. El fascismo moderno no siempre avisa con un uniforme; a veces se filtra en nuestro día a día. Defender la Constitución no es defender un papel viejo; es defender que nadie te diga cómo tienes que vivir, a quién tienes que querer o qué puedes decir.
Aquel 27F no solo se defendieron leyes, se defendió el derecho a vivir en una #EspañaEnLibertad. Como decía la canción que se convirtió en el grito de toda una época: queremos una ‘Libertad sin ira’. Una libertad donde quepamos todos y todas, basada en el respeto y no en el miedo, en la convivencia y no en el odio. Hoy, frente a quienes intentan resucitar muros, ese mensaje sigue siendo nuestra mejor brújula.
No olvides que la democracia se defiende ejerciéndola. La democracia se hereda, pero solo se conserva si se defiende.