Por Antonio Poveda, Vicepresidente de la Fundación Pedro Zerolo
A pesar de lo que se presentó como un alto el fuego, Gaza ha vuelto a ser víctima de ataques indiscriminados.
La situación en Gaza es devastadora. Cada día, alguien pierde a un ser querido, su hogar o la posibilidad de llevar una vida digna.
La tregua del 10 de octubre de 2025 trajo un alivio temporal, pero desde entonces, 647 personas han sido asesinadas, incluyendo 67 niños y niñas, y 889 han resultado heridas, de acuerdo con datos de CEAR.
En la actualidad, más de un millón de personas sobreviven en refugios improvisados, enfrentando el frío, el miedo y la incertidumbre. Las tormentas inundan los campamentos, los alimentos son cada vez más escasos y la ayuda humanitaria cuya entrada debe facilitar el gobierno de Israel es completamente insuficiente.
La UNRWA advierte sobre la inminente hambruna, mientras el gobierno de Netanyahu limita la entrada de asistencia humanitaria. Los estantes de los supermercados están vacíos, los hospitales están colapsando, y la población sobrevive con poco más que esperanza. Sin embargo, incluso esa esperanza se está desvaneciendo.
Gaza se encuentra al borde del colapso. Su gente está exhausta.
Es fundamental reconocer que este sigue siendo un genocidio provocado por el gobierno de Netanyahu. También es crucial agradecer a las organizaciones que trabajan incansablemente en el terreno, apoyando al pueblo palestino, así como a las activistas que continúan denunciando el genocidio que persiste. Rendimos un homenaje especial a la Flotilla de la Libertad, que mostró al mundo que siempre es posible hacer más por la justicia y la dignidad.
¿Cuántas veces más se debe enterrar y reconstruir Gaza antes de que se escuche un grito colectivo de basta? Cada vez más personas se están levantando y diciendo que es hora de un cambio real.
No son solo números; son vidas y sueños truncados, infancias robadas. Esto no es solo una crisis; es una llamada urgente a la humanidad.